Barcelona: yo sí tengo miedo (a veces)

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Y otra vez esa sensación. La sensación de ser vulnerable, diminuto, de estar indefenso. Una sensación que va de la mano de un sentimiento de desconfianza, recelo, miedo. Algo que insistes en esconder, pero que existe. Lo escondes cuando hablas con tu madre e intentas quitarle hierro al asunto. La llamas exagerada, “dramas”… pero que vivas en Antón Martín, al lado de Atocha, al lado de Sol, al lado de Lavapiés, en el centro de Madrid, no la hace estar precisamente tranquila. Tú insistes: “mamá, tú no estás más segura en Daimiel. No estamos seguros en ningún sitio”. No te lo crees ni tú. O sí. Quién sabe. Y otra vez esa sensación. Ese sentimiento de miedo, desasosiego, contra el que intentas luchar. Y tu manera de hacerlo es negarlo. Negar el miedo a salir a la calle y no regresar nunca más. O peor aún. Tener que aguantar que alguien a quien quieres no vuelva nunca más.

Te sientes mala persona por pensar eso. Te sientes despreciable incluso por escribirlo. Te gustaría ser una de esas personas fuertes y llenas de vida que salen en la tele y que gritan “No tenim por”. Todo el mundo habla de amor estos días, pero tú, que nunca has vivido de cerca el horror y el terror de un atentando, sientes miedo. Quizás de manera egoísta porque realmente no sabes, ni puedes llegar a imaginar por un segundo lo que es. Pero lo sientes.

Te da por recordar como una amiga que vivió de cerca los atentados de la sala Bataclan, en París, contaba que días después de la masacre el silencio se apoderó de los vagones de metro parisinos. Un silencio que una tarde, de repente, en uno de los trayectos, se rompió por un carrito de la compra que cayó accidentalmente al suelo. Era un carrito de la compra. Un simple e inofensivo carrito de la compra. Pero el terror se apoderó de las miradas de los que allí estaban. Nadie dijo nada pero todos pensaron lo mismo.

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Y es entonces cuando tu mente va más allá. Y proyecta las imágenes de un gigantón y musculoso pero vulnerable Josh Homme junto a Jesse Hughes. Ambos parecen indefensos, asustados como tú. Como te sientes tú. Intentan contar sin lágrimas y manteniendo la calma cómo vivieron (cómo vivió Jesse, porque Josh Homme no estaba) los atentados de Bataclán. Y es entonces cuando caes en la cuenta de que aún no has visto a los Eagles of Death Metal en directo, tampoco a los Queens of The Stone Age. Ni a Tom Petty. Ni si quiera a 091. Caes en la cuenta de que no conoces Granada ni La Habana y que aún no te has perdido por las calles de Nápoles ni has visto amanecer en las Cíes. Entiendes que aún te quedan canciones por escribir, tuits por lanzar y discos, miles de discos, por escuchar. Recuerdas también “Barcelona”, de Rufus Wainwright. Y vuelves a tu smarthpone y relees las palabras de Víctor Cabezuelo, de Rufus T. Firefly Vaciarme más y más en las canciones, tocar cada vez más fuerte, dar todo mi amor y cariño a la gente que tengo a mi alrededor. Esa es y será siempre mi respuesta al horror”. Y es entonces cuando entiendes que al fin y al cabo se trata de eso: de dar amor.

Es lo único que puede salvarte.

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El amor que te queda por dar y por recibir. Los amigos que te quedan por abrazar, los conciertos que aún nos has vivido. Los enfados que te quedan por desencadenar y las meteduras de pata con las que seguirás conquistando a los que más te quieren.

Y entonces te dan igual los tres (incluso cuatro o más) kilos que has engordado este verano. Te da igual acercarte vertiginosamente a los 30 y aún no haber publicado nada en el New Yorker (con 20 años tu idea de “ser periodista” era otra). Te da igual que no te cogieran en ese Máster de Radio Nacional de España o no haber acabado el 60% de los cursos de inglés y de Gestión Cultural que has empezado. Te da igual no saber tocar un FA o reconocer que de vez en cuando vuelves a escuchar a Pereza.

Y de repente te das cuenta que el miedo ha desaparecido. La música, que ahora suena más fuerte que él, lo ha hecho desaparecer.

Quizás solo se trataba de eso. De subir el volumen de lo que realmente es importante.

María Martín-Consuegra