Consumo colaborativo VS economía tradicional

Imagen de Magazine.Ouishare.net

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Cambiar nuestra mentalidad para aprender a cambiar nuestra economía. Esa podría ser una de las premisas esenciales de la economía colaborativa. El dar respuestas sostenibles a necesidades comunes, otra. Movilidad y energía han ocupado hasta ahora los primeros puestos de las preferencias de quienes optan por este tipo de economía en su día a día pero la moda y la cocina están ganando cada vez más adeptos y amenazan con ser los sectores que más se desarrollen en los próximos años.

Hay economías en el mundo a las que poco o nada importa como amanece Wall Street. Ni la subida o bajada del IVA, tampoco la situación que atraviesa el IBEX 35. Hay economías en el mundo que no dan un valor añadido al hecho de poseer un bien, sino a la capacidad de poder tener acceso a él, o que el único 35 que manejan es el de los minutos que se pueden ahorrar en llegar del trabajo a casa por utilizar un coche compartido con otros usuarios. Hay economías en el mundo que son colaborativas y que han puesto de manifiesto que el sistema económico vigente quizás no era tan bueno como pensábamos y ofrecen alternativas para mejorarlo. En nuestro país, un reciente estudio (publicado en julio de 2014) realizado por Avancar, compañía líder de carsharing en España, revela que el 76% de la población ha utilizado bienes o servicios alquilados o compartidos alguna vez. Unas cifras que traducidas en dinero supondrían un ahorro de 934 euros anuales por ciudadano y que además de estar dando salida a recursos que históricamente no han estado valorados, también podrían estar creando comunidades de personas dedicadas a potenciar la parte más social del individuo.

La economía colaborativa busca, entre otras cosas, dar respuestas sostenibles a necesidades comunes

Unas comunidades como Ouishare que trabaja apoyando todo aquello que a nivel “personal, de emprendedores, de gobiernos, ciudades o corporaciones… tenga que ver con impulsar la manera tradicional que hemos tenido de compartir, prestar, alquilar, intercambiar… y que ahora se redefine debido a las nuevas tecnologías y comunidades”, tal y como explica Luis Tamayo, sociólogo experto en análisis de tendencias que trabaja como conector en Madrid de Ouishare. Esta plataforma además de ofrecer información sobre la economía colaborativa y todas las actividades que se realizan en el mundo en torno a ella, también pone en contacto a usuarios para compartir, vender, alquilar, prestar… todo tipo de bienes y servicios. Un primer contacto que se realiza a través de Internet y que da a la red un papel fundamental en un mercado que se encuentra en continua evolución y que en estos momentos está atravesando su segunda revolución: “Lo primero que conseguimos de Internet fue compartir en el plano virtual, ahora podemos hacerlo en el terreno físico, en ese sentido, estamos en una segunda revolución de Internet, y vendrán más”, detalla Luis Tamayo.

Los servicios que más reclamo han tenido hasta la fecha (hasta julio de 2014) en este tipo de economía han sido los de vivienda y movilidad. “Los sectores que más se están desarrollando son aquellos en los que el valor del bien que tenemos es más grande. Es por eso que el primer mercado que despuntó fue el del intercambio de casa”, explica Tamayo. Ejemplos hay muchos, y todos ellos disponibles en la web de Consumo Colaborativo, la versión española de Ouishare (Bed y Casa, Rentalia, Couchsurfing…). En el mundo de la movilidad las posibilidades también son infinitas. Existen plataformas como Bla Bla Car, Social Car… dedicadas al carpooling que consiste en compartir viaje con otras personas en un coche o el carsharing, en el que es el propio usuario el que alquila un coche de una compañía. Pero también hay otras redes dedicadas al estacionamiento de vehículos o a compartir taxi (Cabmix), tren (Compartetren) o bici (Bicing).

La economía colaborativa, que en la actualidad mueve millones de dólares y euros por todo el mundo, lejos de desbancar al modelo actual, pretende convivir con él y complementarlo

Las tendencias evolucionan al vertiginoso ritmo que avanzan las prácticas de consumo y hay sectores como la alimentación o la moda que están ganando cada vez más terreno en el mundo de la economía colaborativa. Hay plataformas como Social Eaters que nos permiten disfrutar de experiencias gastronómicas en casas de personas que no conocemos. Otras, como Comparto Plato, dan carta blanca a la práctica del gorroneo a los vecinos, pero con algo más de clase y de una forma organizada porque permite conocer el plato que está cocinando nuestro vecino y si nos gusta apuntarnos a comer con él.

comparto plato

En el otro campo al alza, el de la moda, las cifras del análisis de Avancar indican que un 13% de las mujeres se decantan por artículos de lujo como bolsos, joyas o ropa de marca frente a un 7% hombres. Unos datos que corrobora Nono Ruíz, encargado de estrategia, producto y logística en Chicfy, el “mercadillo de ropa más grande de España”, tal y como se definen en su web. “Las botas con tachuelas, bolsos y abrigos tipo Chanel es lo que mejor está funcionando en estos momentos”, comenta este autodenominado vaciador profesional de armarios. La web dedicada únicamente a chicas, que recibe su nombre por la unión del término “chic” y la plataforma de música digital “Spotify”, nació en febrero de 2013 con 10 usuarias. Hoy en día ya son más de 56.000 más de 1.900.000 prendas disponibles, un número a años luz de las 350 con las que comenzaron. Entre sus “clientas pro” se encuentran mujeres relacionadas con el mundo de la moda como Elena Tablada o María José Suárez, que tienen su propio espacio en Chicfy.

Chicfy es “una especie de ‘Ebay’ de la ropa”, como explica Nono, la web no se encarga de comprar ropa directamente, solo de poner en contacto a gente que quiere hacerlo. Quiénes sí compran ropa, formando así otro modelo dentro del amplio campo del consumo colaborativo, son las personas de Percentil, un sitio web similar a Chicfy, pero dedicado a ropa de niños “de las mejores marcas y a precios de risa”, como lo explican ellos mismos en la web. Muebles infantiles, juguetes o todo tipo de accesorios destinados a los más pequeños también son objeto de plataformas específicas de comercio colaborativo.

Se puede compartir y consumir de forma colaborativa casi todo: libros, conocimientos, tiempo, experiencias, videoclubs, artesanía. Hasta wifi … y de manera legal gracias a iniciativas como FON, wifis.org o Entrevecinos.

Otra modalidad con presencia en numerosos núcleos urbanos son las monedas locales como el Zoquito de Jérez de la Frontera. Esta moneda, que nacía en el año 2007 entre un grupo de amigos consumidores de productos ecológicos y que en la actualidad cuenta con casi 200 usuarios, ha sido la precursora de otras prácticas similares en la provincia de Cádiz como El Salero (Puerto de Santa María), El Camaleón (Rota), El Piñón (Puerto Real) o los Arquitos (Arcos). Pero no es la única del país, ni mucho menos. Núcleos de población de Cataluña, Baleares o la Comunidad Valenciana también tienen sus propias monedas. Pese al nombre que recibe, El Zoquito no funcionan con monedas físicas como tal, sino con un “sistema de libretas en el que dependiendo de las ofertas o demandas que se hagan el saldo va aumentando o disminuyendo”, tal y como detalla Paz Cerrillo, coordinadora de esta red de moneda local, que añade, “Los productos más demandados son ropa, comida y muchos servicios. Desde personas que se ofrecen a arreglar ordenadores a otras que necesitan a alguien que les solucione el problema con un grifo o con temas de costura”.

Pero hay muchas más formas de desarrollar una economía que comienza por cambiar unos patrones de pensamiento para acabar modificando unos hábitos de consumo. Desde el crowdfunding, que nos permite financiar proyectos interesantes, hasta el crowdgifting, que intenta financiar regalos entre un grupo de personas (Letskicking o Leetchi, líderes del crowdgifting en Francia que ya se han instalado en nuestro país, son algunos ejemplos). Para los amantes de las mascotas también hay plataformas como Gugdog, dogaboo u hostaldog que ponen en contacto a cuidadores de perros con guarderías o canguros. Se puede compartir y consumir de forma colaborativa casi todo: libros, conocimientos, tiempo, experiencias, videoclubs, artesanía. Hasta wifi … y sí, de manera legal gracias a iniciativas como FON, wifis.org o Entrevecinos.

No obstante, como avisan desde Consumo Colaborativo, hay que tener en cuenta que al igual que cualquier innovación, la economía colaborativa “está despertando ciertos miedos y oposiciones en negocios tradicionales. Hay un debate importante en lo que tiene que ver con su regulación y por eso es necesario dar con las formas para que esta economía no perjudique a la economía tradicional”.

En ese sentido ¿es posible que esta economía pueda llegar a sustituir al modelo actual? Parece que no, y tampoco es algo que busque. La economía colaborativa, que en la actualidad mueve millones de dólares y euros por todo el mundo, lejos de desbancar al modelo actual, pretende convivir con él y complementarlo: “Seguirá habiendo teles, coches, casas en propiedad”, comenta Luis Tamayo, “lo que estamos buscando es evitar un modelo de hiperconsumo que es absolutamente insostenible”.

Hay un debate importante en lo que tiene que ver con su regulación y por eso es necesario dar con las formas para que esta economía no perjudique a la economía tradicional.

En ciudades como Madrid, dónde en 2013 se ahorró una media de 1.194 euros por ciudadano, o Barcelona, dónde el ahorro se situó en los 975 euros, las cifras hablan por sí solas. Y aunque parece complicado aunar posiciones, porque este modelo económico va ligado a una “forma de pensar, a unos valores que están totalmente fuera de una sociedad basada en la competición”, como indica Tamayo, lo cierto es que ya se ha dado algún que otro paso en el entendimiento con la Administración. Existe Udaltruke, el primer proyecto de consumo colaborativo dentro de la Administración que reúne a quince ayuntamientos de Las Encartaciones (Vizcaya) que intercambian bienes municipales de forma gratuita. Siguiendo la misma filosofía la red de transporte público de la Comunidad Autónoma Vasca creó Moveuskadi que permite al usuario encontrar el medio de transporte más económico y sostenible para moverse por Euskadi.

Todo apunta a que cada vez más ciudadanos irán adoptando este tipo de prácticas y acabarán por olvidar las desconfianzas y miedos “infundados” en relación al tema. “Hemos sido educados en la desconfianza, en el miedo a fiarnos del vecino. De ahí que haya personas que teman viajar con desconocidos o dejar su casa alguien que no han visto nunca. Pero las estadísticas demuestran que las incidencias son mínimas”, concluye Tamayo.

**Este reportaje fue escrito en julio de 2014 para una revista de tirada nacional que nunca lo llegó a publicar. Se han modificado cifras y actualizado webs e información.